viernes, 15 de enero de 2021

El 'Levantamiento Espartaquista', la revolución olvidada

 


Al terminar en noviembre de 1918 la Primera Guerra Mundial se gestó en la derrotada Alemania una revolución. En los fríos días de enero de 1919, en las calles de Berlín hubo barricadas, disparos y muertos; y cayeron asesinados dos personajes míticos de la izquierda: Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, líderes de la Liga Espartaquista y del Partido Comunista de Alemania (KPD)

Dicha revolución es quizás uno de los acontecimientos peor conocidos y más silenciados del siglo XX. La derrota sufrida en la Gran Guerra, con las ominosas cargas que supuso para la población alemana, propició una revolución que si bien trajo consigo el derrocamiento del Estado monárquico y militar del II Reich y la proclamación de la República de Weimar, supuso también el fin, paradójicamente, de toda tentativa de constitución de una democracia socialista.

Así, el Levantamiento Espartaquista –nombre que se da a la huelga general y los enfrentamientos armados acaecidos en Berlín del 5 al 12 de enero de 1919– fue desarticulado a sangre y fuego por fuerzas paramilitares, que también secuestraron, torturaron y asesinaron a sus dos principales líderes, los comunistas Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Concluía así trágicamente el sueño revolucionario, cuyo epílogo fue la aprobación de la Constitución de Weimar en agosto de ese año.


Lamentablemente, dicha revolución resultó derrotada a consecuencia del papel contrarrevolucionario que cumplió la socialdemocracia y en otro plano, de los errores cometidos por los revolucionarios. Respecto de la socialdemocracia, no siempre se recuerda que fue la madre de las burocracias contrarrevolucionarias del siglo XX: los enterradores de las potencialidades revolucionarias de la clase obrera.

La Revolución Alemana de haber triunfado, habría dado la vuelta a las relaciones de fuerzas entre el comunismo y el capitalismo y pudo ahorrarle a la humanidad los horrores del fascismo y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, resultó derrotada. Y quizás por ello sea una revolución olvidada. Siquiera entre las filas de los revolucionarios se tiene conciencia del significado de su derrota, al menos se estudian sus lecciones estratégicas. Harman señala que las revoluciones derrotadas son rápidamente olvidadas quedando fuera de la mirada histórica, como notas al pie de la misma, a las que sólo se dedican los especialistas.