domingo, 1 de marzo de 2020

Las aventuras de Mari-Aguirre




Mari-Aguirre chica díscola y algo snob, carente de fuste en "la capital mundial del fuste" (Bilbao) revoloteaba con su gran melena rubia numerada entre Ledesma street, el Puente Colgante y el Canal de Deusto, dando pie a que su creador, Juan Carlos Eguillor, pudiera introducir de cuando en cuando alguna pulla contra el dominante espíritu localista y alicorto, contra el conservadurismo y contra la falta de interés auténtico por la cultura de los bilbaínos de la época.
El autor comenzó dibujando a Mari-Aguirre con los pechos numerados (cosa que parecía preocupar mucho a la gente) y con el nombre de Agurtxane-Aguirre, e intentó publicar la tira cómica en el diario "Hierro" pero se la rechazaron por ser "demasiado incomprensible" lo cual le produjo una desilusión tremenda. Entonces le apareció una oferta de "El Correo español" y aceptó con los ojos cerrados a pesar de que le hicieron cambiar el nombre de Agurtxane por el de Mari, le hicieron quitar los números de los pechos (y pasó a ponérselos en la melena) y le aconsejaron que la hiciera menos intelectual. Aunque a veces se le fue la mano, la Mari-Aguirre de El Correo era "Blancanieves y los siete enanitos" comparada con lo que le hubiera gustado hacer a Eguillor.
Decía Eguillor, que pensó que la única manera de que las tiras cómicas que iba a publicar gustaran en Bilbao, iba a ser contando historias de Bilbao, y que por eso lo mejor era ponerle un nombre vasco a la protagonista. Pero por lo visto, mas que vasco el nombre le salió "de la ETA" no le quedó mas remedio que cambiar Agurtxane por Mari. 
Nacido en Donostia en 1947, Eguillor dejó muy pronto los estudios de periodismo para volcar en las páginas de varios diarios (El Correo, Egin, Diario 16, El Pais) su desbordante imaginación a través de personajes tan entrañables y originales como la alocada Mari Aguirre y su contrapunto, la inefable Miss Martiartu, aquella institutriz seria, pía y del PNV de toda la vida, que velaba por los valores más sagrados de la idiosincrasia vasca. En esas tiras cómicas desarrolló Eguillor su particular revolución del 68, año en que empezó a dibujar su tira cómica semanal, un pretexto para satirizar con elegancia no exenta de mordacidad a la sociedad bilbaína, tan bipolar entre el aldeanismo inocente y la ebullición industrial de entonces.
Hasta Zakilixut, el irónico personaje de Olariaga que nos acompañaba cada día en las tiras del Egin, soñó con Mari-Aguirre...