Cuando leas o escuches que las gentes del campo, los agricultores, ganaderos o cazadores son las personas que mas se preocupan y cuidan del medio ambiente, recuerda que la agricultura, la ganadería y la caza son actividades privadas que no buscan mantener el equilibrio natural que garanticen la supervivencia de los ecosistemas y de la biodiversidad global sino un beneficio económico.
Si las gentes del campo, los agricultores, ganaderos o cazadores fueran las personas que mas se preocupan y cuidan del medio ambiente jamás habría surgido la figura del alimañero que se dedicó a exterminar a miles de animales de nuestra fauna simplemente por el hecho de ser perjudiciales para la caza, la ganadería y la agricultura.
En efecto, la del alimañero es una figura histórica muy antigua, su labor ha sido legislada desde la Edad Media para beneficio y salvaguarda de los bienes de los ganaderos y agricultores. Esa persecución llegó a su punto álgido en España a mediados del siglo XX, en 1953 en pleno Franquismo con la Ley de Alimañas y las Juntas de Extinción de Animales Dañinos y Protección de la Caza que tenían por objeto exterminar aquellas especies que se consideraban nocivas para la caza, la ganadería o la agricultura. Entre estas especies se incluían todos los mamíferos carnívoros, desde mustélidos hasta osos y lobos, que eran de los más codiciados, y por supuesto las aves rapaces e incluso muchos reptiles. Dicha ley potenciaba no ya la caza de estas pobres infelices, sino que se buscaba con ella la absoluta aniquilación, la extinción. Y para tal fin todo valia, desde innumerables mecanismos de trampeo, algunos de ellos realmente crueles, hasta la proliferación de diversos venenos, cobrando gran popularidad la terrible estricnina.
Las Juntas de Extinción de Animales Dañinos fueron una sin razón absoluta, una verdadera tragedia para la fauna española y para la sociedad que terminó cuando organismos internacionales comenzaron a presionar a las autoridades españolas ante tal desatino y una nueva concienciación medioambiental promovida por guardas, algunos propietarios, científicos y naturalistas, entre los que destacaron Félix Rodríguez de la Fuente, José Antonio Valverde y Jesús Garzón; se fue imponiendo poco a poco.
Y sin embargo, a pesar de que esas juntas de alimañeros nos parecen algo propio de nuestro pasado más oscuro, en los últimos años está resurgido con fuerza la reivindicación del control de depredadores por parte de varios colectivos sociales. Los pescadores piden (y consiguen) que el gobierno financie campañas de control de cormoranes grandes porque dicen que se comen a "sus peces"; también se matan lobos, no solo por furtivos, sino también por la propia Administración que debería protegerlos, porque matan al ganado o a la caza de los cotos. Los guardas de los cotos de caza de la Junta de Andalucía han solicitado que se cree la figura del "controlador de depredadores", que se encargaría de eliminar búhos reales, ginetas o meloncillos, por cierto, todos ellos están protegidos por la legislación actual, porque se comen a "sus piezas de caza"...
A la vista está que la fauna silvestre sigue siendo una molestia y un quebradero de cabeza para "el campo", cada pérdida, cada dificultad y cada problema del medio rural se atribuyen al lobo, al oso o a cualquier otra especie protegida o no, ignorando deliberadamente las verdaderas causas de la crisis del campo. Piden eliminar ungulados salvajes como ciervos, corzos, jabalíes y un largo etc. alterando el funcionamiento de la biodiversidad pero luego piden más ganado en montes. No sé puede ser más cínico y demagogo…
Este discurso negacionista busca enfrentar a la sociedad con la naturaleza, presentando la biodiversidad como un obstáculo para el desarrollo. Es una estrategia que alimenta el miedo y la confrontación, pero que da la espalda a la evidencia científica. Defender la fauna salvaje no es estar contra el campo. Es apostar por un medio rural que conviva con la biodiversidad, basado en el conocimiento científico y no en campañas de señalamiento contra especies que forman parte de nuestro patrimonio natural.


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