viernes, 11 de noviembre de 2016

The Dust Bowl (la cuenca de polvo)

The Dust Bowl (la cuenca de polvo), fue un período de severas tormentas de polvo que causaron grandes daños a las tierras de las praderas norteamericanas y canadienses en la década de 1930.


Antes de que el hombre blanco llegara a esta zona, era una llanura cubierta de hierba que podía sobrevivir mucho tiempo sin lluvia. En 1885, llegaron los colonos, y poco a poco convirtieron la zona en grandes plantaciones en las que se cultivaba trigo y se criaba ganado. A lo largo de los años, esto hizo que el terreno se volviera seco y polvoriento y lo dejó muy débil para resistir los largos periodos sin agua. No había vegetación para mantener el suelo en su lugar y cuando éste se secó, se convirtió en polvo, y fue llevado por el viento hacia el este y el sur en grandes nubes oscuras. 

En las Grandes Llanuras. Hasta entonces siempre había habido sequías y vientos fuertes, pero ahora no había pastos que protegieran el suelo, la capa fértil que la cubría desapareció durante los dos primeros años de sequía. Sería en 1932 cuando se produjeron las primeras grandes tormentas de arena, y a lo largo de toda la década desaparecerían hasta treinta mil millones de toneladas de esta tierra fértil. Los campos se quedaron cubiertos de arena , apenas si se veían algunos matorrales. Y cuando una de aquellas tormentas se abatía sobre las poblaciones y las granjas, el Sol quedaba oscurecido por la tierra que flotaba en el aire, el ruido del viento era ensordecedor, el polvo se metía por todas las rendijas, la gente se refugiaba en sus casas, las escuelas cerraban, los agricultores abandonaban los campos y la vida quedaba paralizada durante días mientras el polvo lo invadía todo, se colaba por las puertas, las ventanas y si alguien era sorprendido a la intemperie por una de estas tormentas sin posibilidad de hallar refugio encontraría la muerte asfixiado por el polvo.


Mientras, el resto del país, sumido en la Gran Depresión, permanecía ignorante de lo que estaba sucediendo en las Grandes Llanuras. Aquellas tormentas de polvo eran cada vez más frecuentes y las lluvias siguieron sin aparecer en los años siguientes. El polvo lo invadía todo, en las casas se trataba de impedir su entrada con los medios que el ingenio humano creaba como sábanas húmedas en las puertas que retenían las partículas de polvo o trapos empapados en una mezcla de harina y agua para sellar las rendijas de las ventanas. La Cruz Roja distribuyó mascarillas para protegerse del polvo pero no había para toda la población y muchos sólo contaban con pañuelos para cubrir la nariz y la boca. Al final el polvo lograba penetrar, cubría mesas, suelos, sillas, los platos de la comida hasta el extremo de que literalmente comían polvo. Las casas y los graneros quedaban sepultados, los coches desaparecían bajo toneladas de arena y lo que un tiempo habían sido verdes praderas y luego dorados campos de trigo se convirtió durante la década de 1930 en un enorme desierto.

Supervivientes de aquellos días afirmaban que el polvo era tan fino que parecía talco y llegaba a ser tan espeso que incluso dentro de una habitación no conseguías ver con claridad al resto de personas que se encontraban allí. La gente respiraba polvo continuamente y muchos desarrollaban silicosis, una enfermedad pulmonar que solía afectar a los mineros que durante años respiraban partículas de sílice, pero que ahora padecían incluso los niños.


En medio de este paisaje apocalíptico, con las tierras devastadas y sin posibilidad de poder trabajarlas para obtener cosechas , los agricultores vieron como las deudas se amontonaban y no podían hacer nada para pagarlas. En estos años entre 315.000 y 400.000 familias tuvieron que abandonar los estados de las Grandes Llanuras con la esperanza de encontrar un futuro mejor en la costa oeste, en California animados por la publicidad que les prometía que allí tendrían trabajo y hallarían tierras fértiles y soleadas. Pero la Gran Depresión había llevado a California a cientos de miles de personas en una época en la que uno de cada cuatro norteamericanos estaba desempleado y no existían sistemas de protección social. Los nuevos refugiados no fueron bien recibidos y muchos fueron rechazados. A los refugiados de la Dust Bowl se les miraba como una amenaza para el resto de la sociedad, personas ignorantes, pobres y enfermas de las que nadie quería saber nada.

El 14 de abril de 1935 se habían reunido todas las condiciones para formar la mayor tormenta de arena jamás conocida , una tormenta que arrastraría trescientos millones de toneladas de tierra por el aire y que sería conocido como el Lunes Negro. Aquel día una nube de polvo de más de un kilómetro y medio de alto y cientos de kilómetros de ancho fue engullendo pueblo tras pueblo . La colosal tormenta llegaría hasta la costa y las grandes ciudades como Washington y Nueva York . Esta enorme tormenta haría tomar conciencia al resto de América de lo que se estaba viviendo en las Grandes Llanuras.


La sequía , sin embargo, no terminaría hasta tres años después, en otoño de 1939. Terminaba así aquella década terrible, que había comenzado con la Gran Depresión de 1929 a la que siguió la mayor catástrofe ecológica de los Estados Unidos en toda su historia. El hombre había maltratado a la naturaleza, había abusado de ella sin tener en cuenta las consecuencias, y después de décadas de silencio, ésta respondió con violencia. El daño que sufrieron las Grandes Llanuras fue muy profundo y algunas de sus heridas jamás han curado del todo.

El Dust Bowl fue un aviso de lo que la naturaleza puede hacer y de lo frágiles que somos ante su fuerza. De como los que fueron orgullosos granjeros se convirtieron en mendigos y pasaron hambre. Aprendamos de los errores del pasado para que no vuelva a suceder otro Dust Bowl de naturaleza más terrible.


Fuente: El mentidero de Mielost 

No hay comentarios:

Publicar un comentario