miércoles, 20 de enero de 2016

Entre Santo Tomás y Santa Ágeda

Donostia 1900: ¿Por qué tener vacaciones escolares los meses de verano, cuando las fiestas son en invierno? 


Había unanimidad. Vecinos, regidores y cronistas se preguntaban: ¿por qué cerrar los colegios en verano? El propio Ayuntamiento debía hacer ver a Madrid que el asunto no tenía lógica. En San Sebastián durante los meses de verano no hacía tanto calor como para no poder ir a estudiar. A principios del siglo XX lo de la playa estaba todavía en mantillas. Para ir a bañarse primero había que sentirse enfermo, luego visitar al galeno. Entonces ¿Para qué perder tres meses de vacaciones cuando luego, en realidad, cuando se perdían días de trabajo era en invierno? 

Desde Santo Tomás hasta Reyes, desde San Sebastián hasta la Candelaria y desde San Blas hasta el Miércoles de Ceniza, aquí no estudiaba nadie, luego... ¿porqué no cambiar el calendario escolar?

Una de las personas que mejor entendió este periodo festivo, fue el maestro Sarriegui, quien además de componer músicas para «todo el año», basó su actividad en sus famosos Carnavales Donostiarras. Conoció en estas fechas suficiente inspiración como para dotar a cada jornada festiva de sus correspondientes partituras. 


Desde la tamborrada del Día de San Sebastián hasta la Marcha del Entierro de la Sardina, el hombre sabía que cada fin de semana había una fiesta, además de las intermedias de precepto, y a todas ellas dotó de su sabía ciencia musical. 

La tamborrada, como diana, despertaba a los donostiarras del letargo del invierno, anunciando los bueyes ensogados; los caldereros pregonaban, pregonan, la llegada del dios Momo; las Iñudes sacan a ellos y ellas a la calle para días más tarde recibir con la Marcha Triunfal del Carnaval a todo el pueblo que, por fin, llorará con la fúnebre humorada de la Marcha del Entierro de la Sardina.


Fiestas y más fiestas que entre las intermedias tenían como protagonista al bueno de San Blas, en cuya fecha «las cigüeñas verás, porque si no las vieres, año de nieves». Y tras San Blás, Santa Ágeda y sus coros de chicos y chicas jóvenes que recorrían las casas pidiendo el aguinaldo . El ruido de las makilas, el fuego de las velas que se lucen en los faroles y el agua bendita son elementos que no faltaban en muchos de los coros que recorrían las calles en esa fiesta.

Fuente: Diario Vasco

viernes, 1 de enero de 2016

Llegaron, entraron y triunfaron...


La Revolución Cubana es el acontecimiento más relevante de la Historia de América Latina del siglo XX y su principal conquista es haber hecho de Cuba una nación soberana e independiente, con todas las virtudes y defectos de la condición humana. Símbolo de los anhelos de independencia de América Latina y del Tercer Mundo, la Revolución Cubana marcó la historia del siglo XX.


Las raíces de la Revolución Cubana se remontan al siglo XIX y a las guerras de independencia. Los deseos del pueblo cubano de conseguir la independencia, por la que llevaban luchando casi treinta años, fueron los detonantes de la tercera de las guerras de Cuba, conocida desde entonces como la Guerra de la Independencia Cubana. Los mambises (cubanos insurrectos) golpearon duramente a las tropas del Ejercito español y así en 1898, a pesar de su superioridad material, España se encontró al borde del abismo, vencida en el campo de batalla por los independentistas cubanos. Sin embargo la misteriosa explosión del acorazado estadounidense Maine provocó el ingreso de los Estados Unidos en la contienda y obligaron a los españoles, que ya estaban virtualmente acabados, a rendirse en 1898.


Dicho suceso abrió paso a la ocupación estadounidense de Cuba y desde entonces, la isla se transformó en el “patio trasero de juegos y placeres” para los ricos norteamericanos, al mismo tiempo que los grandes monopolios, como la United Fruit, devastaban el trabajo y riqueza que generaban los “guajiros”. Fulgencio Batista que había tomado el poder a través de un golpe de estado con apoyo estadounidense, representó la más alta expresión del dominio de los monopolios extranjeros y la oligarquía nacional sobre la economía cubana, su régimen dictatorial, corrupto y opresivo provocaron diversos levantamientos, que culminaron con la Revolución dirigida por Fidel Castro. 


En la madrugada del 25 de noviembre de 1956, Fidel Castro, con 81 hombres, partía hacia Cuba en el yate Granma, para reiniciar la lucha armada contra la tiranía de Fulgencio Batista. Desde el exilio en México, a donde había llegado el 7 de julio de 1955, el joven jefe revolucionario cubano había anunciado públicamente que regresaría a su país para derrocar al dictador.


“En el 56 seremos libres o seremos mártires”, había afirmado. Muchos, acostumbrados a pugnas entre politiqueros que se disputaban el poder para lucrarlo a espaldas del pueblo, no creyeron en esa palabra empeñada. Pero esta vez sería distinto. Y tras una intensa labor de unidad de fuerzas, de preparación militar y adquisición de armas, se logró preparar la expedición y desde Tuxpan, México, salió el yate que navegó hacia la historia cubana. “Si salimos llegamos, si llegamos entramos, si entramos triunfamos”. Así lo había anunciado Fidel, basando su optimismo en la confianza de que el pueblo se sumaría a la lucha.


En una nave marítima con capacidad para unas 25 personas, hicieron espacio para 82 hombres. El Granma tuvo que salir enfrentado a condiciones meteorológicas adversas. El 2 de diciembre de 1956, Fidel Castro desembarcó en la provincia oriental de Cuba a la cabeza de 81 revolucionarios con el objetivo de desatar una guerra de guerrillas en las montañas de la Sierra Maestra.


El 1 de enero de 1959, cinco años, cinco meses y cinco días después del asalto al cuartel Moncada del 26 de julio de 1953, huyó Batista y triunfó la Revolución Cubana.


Con ese hecho histórico, quedaba plenamente cumplido el pronóstico hecho por Fidel en México: había salido, había llegado, había entrado y había triunfado.


¡¡Larga vida a la Revolución Cubana!!